
HOMENAJE A EUGENIO BAISÓN DOMÍNGUEZ
UN POCO DE TU SANGRE SERÁ LA SONRISA DE MUCHOS ¡DA VIDA, DONA SANGRE!
Paso a paso se va abriendo el camino de la vida, y algunos de esos pasos nos dejan huellas que nunca olvidas, como no podemos olvidar hoy los rastros humanos que Eugenio Baisón Domínguez nos deja día a día en muchos de nosotros con nombre propio y en personas que ni siquiera ha conocido en su vida.
Siempre deberíamos de partir de que todos los seres humanos somos iguales, pero hay cientos de distinciones que hacen que unas personas destaquen sobre otras, puede ser por el físico, por su capital, por su posición, por el genio, por el arte…Eugenio tiene una distinción que tildaría como especial y brillante, porque es un hombre que ha recorrido el camino de su vida con una semilla en su interior como es “el sentido del deber a los demás”, el empuje de saber que la vida no es de una sola persona, sino que la vida se lleva entre todos y siempre ha tenido su mano abierta para recoger al necesitado y encender una luz al perdido.
Conocer a Eugenio es comprender que existen personas que tienen adherida a su ser la “mirada del otro”, es saber lo que significa “ser humano”, es vivir en presente el “sentido cívico” de una persona.
No sólo ha puesto unas 156 veces su brazo para regar el latido de su corazón entre los enfermos, siendo el donante sevillano con más donaciones, sino que además colabora con el Centro de Transfusión de Sevilla ahora, antes con la Hermanad de Donantes, desde hace muchos años de una manera desinteresada buscando colectas nuevas que luego coordina, dando charlas, pegando carteles…de alguna manera promociona la donación de sangre todos los días, porque su afín tiene un valor continuo y constante.
Eugenio ha sido desde pequeño un trabajador y luchador innato, nacido en Fuente del Maestre, un pequeño pueblo de Badajoz, y criado en una familia humilde. Su padre un zapatero remendón con mucho arte, que le inculcó que en la vida no hay que pasar por pasar, y le hizo saber que hay que hacer algo en ella. Ha trabajado en mil sitios: en el campo, de fontanero, de albañil, en el arroz, en la aceituna, en un vivero, en una floristería, en los seguros…pero siempre muy concienciado con la donación, desde los años 70 cuando las donaciones de sangre eran muy escasas y tanto costaba que conseguir un donante.
Cuando hablas con Eugenio, te cuenta que ha sido muy afortunado por haber tenido y tener a su lado personas que le han querido y quieren mucho, es muy afortunado por ser amigo de sus amigos, de los verdaderos, de haber tenido la suerte de criarse en una familia sin dinero pero muy feliz, de tener su propia familia que tantas alegrías le ha dado y le da. Pero en su camino también la vida le dejó unas huellas irreparables, como la muerte de un hijo joven, su mujer, su padre su hermano y por último su madre, a los que acompañó, cuidó y por los que luchó en todo momento con su corazón templado.
Hoy, porque se siente sevillano hasta en sus talones, aunque viva en Mairena del Aljarafe y haya nacido en Badajoz, podemos ver a Eugenio en cualquier parte de Sevilla paseando debajo de los naranjos de sus calles, en una cafetería acariciando un libro, lo podemos encontrar en el Ateneo buscando los orígenes literarios de los escritores sevillanos, subrayando un poema sentado en un banco, mirando un retablo dentro de una iglesia…Lo podemos encontrar en el Centro de Transfusión donando o buscando una colecta nueva, lo podemos ver en una asociación de vecinos o en un instituto dando una charla, porque Eugenio cree en la juventud, mira sus ojos y ve la bondad, las ganas y un futuro que promete.
Eugenio está siempre para los amigos, para su casa, para su hijo, para los jóvenes, para los mayores, está aquí y allí, está donde esté la solidaridad, el empeño, el buen hacer, el buen estar.
Por ello y por hacernos saber que en la vida no hay que pasar por pasar, quiero darte las gracias en mi nombre y en nombre de tantas y tantas personas en las que has dejado impregnado el arte de ser humano y la tinta de tu latir.
Ana Román Rodríguez